Debates laborales que quedan zanjados con el ‘Covid-19’

POR TINO FERNANDEZ

El teletrabajo o los planes de contingencia han sustituido en el gran debate laboral al ‘presentismo’, a la necesidad de fichar o al deseo de salir a las seis.

Pocos imaginaban que entre las tristes y problemáticas consecuencias de la pandemia creada por el coronavirus Covid-19 podrían aparecer algunas que cambiarán, posiblemente para bien, nuestra relación con el trabajo, e incluso el concepto mismo de empleo. Algunos debates y mantras que llevábamos pegados desde hace años a nuestra vida laboral pueden haber caído si de verdad se cree que es posible trabajar desde cualquier sitio si se confía en la profesionalidad del equipo.

El fin del ‘presentismo’

Si no ha muerto, se puede decir que el presentismo sale muy tocado de esta crisis sanitaria y social, y de sus consecuencias laborales y profesionales. A estas alturas pocos harán caso a quienes crean que la productividad y la eficacia se relacionan mínimamente con el mero hecho de estar presente en la oficina, más allá del horario de trabajo. La productividad se logra con quien está verdaderamente motivado y enganchado, y esto no puede relacionarse con una jornada laboral que en un 14% se dedica a la revisión del correo electrónico y un 61% a reuniones ya previstas.

Los nuevos vientos laborales que traen un teletrabajo renovado llevan a pensar que el presentismo influye negativamente en la creatividad y en la capacidad de innovación, e impacta en la calidad del talento organizativo. Que incrementa la rotación y limita el acceso de profesionales con talento a posiciones superiores.

Fichar… ¿para qué?

¿Quién osa hablar de registro horario estos días? En todo caso, tendría éxito quien planteara algún sistema para registrar la actividad en remoto, pero tendría que ser un sistema enfocado a renovar la idea de valoración y recompensa para quien trabaja con esa nueva flexibilidad.

Pocos dudan ya de que, mientras otros sistemas flexibles se basan en la responsabilidad del empleado y en la confianza del empleador en éste, la obligación de fichar implica tratar a los profesionales como a menores. Y menos dudas habrá acerca del hecho de que esa desconfianza en el empleado puede llevar a que muchos decidan prolongar la jornada.

No hay ya mucho debate: la obligación de fichar no soluciona los problemas de presentismo. Es más bien un factor impulsor de la cultura tóxica de “estar” frente a la de “hacer” que se fija en los resultados.

Quienes practican las nuevas fórmulas de actividad, los que deciden trabajar por proyectos, sin jefes, con otros modelos de jerarquía o de flexibilidad laboral y los que trabajan sin acudir a la oficina son ya legión frente a quienes pretenden volver a un sistema decimonónico de control y gestión que genera más presentismo y que va contra esos nuevos modelos de actividad, contra la productividad, la flexibilidad laboral, o la meritocracia basada en conseguir resultados.

¿Quién dijo salir a las seis?

Cada vez que se ha planteado la utopía de salir a las seis de la tarde y racionalizar así los horarios de trabajo en nuestro país, resultaba inevitable contestar que, para lograrlo, las organizaciones deben resolver algunos problemas de equilibrio entre la vida profesional y personal; de adaptación a nuevos modelos de trabajo y carrera; de fórmulas de compensación, recompensa y reconocimiento.

La experiencia que vivimos estos días revela la necesidad de un cambio radical en las organizaciones para adaptar los servicios, planes de promoción y funcionamiento a las necesidades de quienes puedan salir a las seis de la tarde. Y no todos podrán hacerlo.

Contactos… y poco más

En el nuevo escenario laboral en el que tendremos que posicionarnos de una forma diferente y en el que la relación con los empleadores será muy distinta, parece claro que los contactos no sólo son la mejor, sino la única posibilidad de encontrar un nuevo empleo. Habrá que pensar cada vez más en un networking que nos permita acceder a las ofertas de trabajo ocultas para triunfar en la búsqueda de un puesto o en cualquier iniciativa de cambio profesional. Y es evidente que el peso de las referencias es cada vez mayor. Las compañías sólo publican un reducido porcentaje de las ofertas, y el resto (un 85%) sólo se cubre por referencias.

La tendencia creciente será que no son los candidatos quienes deben buscar empleo, sino que el trabajo es el que tiende a buscarlos. Son buenas noticias para los candidatos pasivos (aquellos que están muy cualificados para un puesto pero no buscan activamente un nuevo empleo). Son los reclutadores y las empresas quienes los buscan, sobre todo su rastro social (preferentemente en las redes).

Será fundamental que su networking sea de altísima calidad. Determine quién merece realmente la pena, y fíjese sobre todo en los contactos de alta calidad que le ayuden a conseguir un empleo.

Y no olvide que una red de contactos se basa en el intercambio y en el apoyo mutuo, que requiere esfuerzo, paciencia y tiempo.

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