¿Quién no busca una segunda oportunidad?

POR MONTSE MATEOS

Dar un giro a su vida es lo que desean los personajes de la última película de Woody Allen, una opción que muchos profesionales manejan pero que muy pocos se atreven a llevar a cabo.

Virginia Delorean es la actriz que fue y que nunca será Ginny, el personaje que interpreta Kate Winslet en Wonder Wheel, la última cinta de Woody Allen. La película nos transporta al Coney Island de los años 50, un parque de atracciones que no pasa por sus mejores momentos y que respira la época de posguerra. Allí vive Ginny, una mujer de cuarenta años, madre de un niño pirómano y casada en segundas nupcias con Humpty (James Belushi) operador del carrusel. Un pequeño cuarto, situado encima de la escopeta de feria y bajo las luces de neón de la gran noria de Coney Island, acoge a esta extraña familia bien avenida, pese a todo.

La película es un fiel reflejo de la supervivencia de unos personajes desquiciados que, desde la resignación, confían en la llegada de una segunda oportunidad. Ginny trabaja como camarera pero sigue soñando con volver a ser lo que fue, vive en los escenarios de su pasado mientras recoge platos y vasos. Uno de esos días entra en el restaurante una joven con una maleta. Dice que se llama Carolina (Juno Temple), que es la hija de Humpty y que no tiene dónde ir. Escapa de su marido y también busca una salida. Su padre olvida las diferencias que los separaron años atrás y la acoge en su ‘hogar’ con el firme propósito de darle un futuro mejor. Y, mientras Humpty saca adelante su Tiovivo y ahorra cada dólar para que su hija no acabe como él o su mujer, aparece en escena Mickey (Justin Timberlake), un estudiante que trabaja como salvavidas en la playa, que sueña con ser escritor y que tiene una aventura con GinnyMickey es el eterno alter ego que Allen saca a colación en todas sus películas. En este caso un escritor fracasado con aires de grandeza, testigo y parte de una historia trágica.

‘Wonder Wheel’

Director: Woody Allen
Nacionalidad: Estados Unidos, 2017. Género: Drama

Todos y cada uno de los personajes sucumbe a la rutina mientras confía en la llegada de algo o alguien que le lleve a un mundo diferente. La carrera de muchos profesionales transcurre como el tiempo en este parque de atracciones, trabajando para pagar una vida que no les satisface, resignados ante lo inevitable. En la película Ginny se aferra a Mickey no como la segunda oportunidad, sino como la última botella del agua del desierto para huir de ese marido desequilibrado, ese hijo que le quita el sueño y esa hijastra que tiene la juventud y el futuro que ella anhela. “¡Me palpita la cabeza! Todo se está viniendo abajo”, dice una y otra vez.

Carolina se aferra a sus estudios para prosperar, pero no con demasiado entusiasmo, es consciente de que aún tiene mucho tiempo por delante y no renuncia a los escarceos amorosos que le proporcionan su físico de 25 años. Por esa razón vive un poco ajena a la realidad que le rodea y que, sin embargo, le puede costar la vida.

Maduros y jóvenes a su pesar

Como Ginny, muchas personas llevan años planteándose un cambio, un giro que nunca llega. Otros más jóvenes se dejan llevar como Carolina. En ambos casos, la rutina es el peor estado, el antídoto del crecimiento profesional. Acomodarse en un trabajo que sólo permite llegar a final de mes en el que no se aprende nada anula la capacidad del individuo para innovar. Hay quien dice que el paro es el punto de inflexión para un replanteamiento, pero también es lo más nefasto. Casi siempre suele llegar de forma inesperada. Iniciar el cambio en activo es la clave. La determinación es lo que nos hace libres. Según un estudio de Gallup, el 63% de los profesionales en Europa Occidental no está comprometido con su trabajo. Y aún hay más. Un análisis de Adecco confirma que el 64% de los profesionales estaría dispuesto a sacrificar salario en beneficio de la felicidad laboral. Un porcentaje que ha aumentado 4,5 puntos respecto a la anterior encuesta. Tampoco el cargo es una garantía de bienestar para el 73,8% de los 3.500 profesionales que entrevistó Adecco para realizar este análisis.

Parece que lo de las segundas oportunidades es una necesidad a voces pero, ¿quién se atreve? Emprender es una de las opciones más populares pero también la más meditada. Los españoles que deciden ser su propio jefe son recurrentes, se profesionalizan y sus proyectos fallan menos, un 50% frente al 54% desde una perspectiva global, según el Mapa del Emprendimiento 2017elaborado por Spain Startup-South Summit, a partir del análisis de 1.585 proyectos de los 3.516 que se participan en la Startup Competition. Sólo un 1,5% de los emprendedores estaba en situación de desempleo antes de lanzar su negocio. El miedo a perder la seguridad y caer en la incertidumbre son las principales barreras que impiden dar el salto a los profesionales que, en el caso de montar su negocio cada vez actúan con más cautela. Y los trabajadores temen dejar un trabajo que odian ante la perspectiva de un vacío incierto y, como los personajes de esta película, acaban anclados en una vida que no les satisface.

Wonder Wheel no es la mejor película de Woody Allen. Algunos aseguran que el director octogenario tiene mejor mano para la comedia que para el drama, como es el caso. En cualquier caso siempre es una oportunidad para extraer reflexiones interesantes sobre el comportamiento del ser humano ante situaciones límite. Y, si de cine se trata, esta cinta se asemeja más a una obra de teatro que a una película al uso, con el permiso de la impecable fotografía de Vittorio Storaro –Apocalypse NowNovecento o El último emperador son algunos de sus trabajos más destacados- y la no menos formidable Kate Winslet, en uno de sus mejores papeles.

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