Por qué no es imprescindible que persiga la felicidad en el trabajo

POR TINO FERNÁNDEZ

 

De nada sirve obsesionarse por ser feliz en el puesto que ocupamos si no hacemos nada por cambiarlo, darle valor y renovarlo cada día. No existe el trabajo perfecto, ni la compañía ideal, y la felicidad laboral no dura para siempre. Puede que hoy todo esté bien, pero nuestros intereses y valores cambian, igual que nuestra empresa, el mercado o la tecnología. Conviene prever todo eso y estar preparado.

No hace falta que sea feliz en su puesto. Y menos aún que se obsesione con la satisfacción laboral. No es un disparate, ni se trata de un consejo absurdo… La felicidad laboral no es para siempre y tampoco encontrará el trabajo perfecto. La frustración llega en el mismo momento en que aparece el empecinamiento por vivir en un paraíso profesional que no es real, ni duradero. No queda más remedio que reinventar cada día el puesto que ahora tiene. Sin exagerar ni agobiarse más de la cuenta, y sin adoptar la actitud del cenizo, conviene que se plantee cada día que este puesto que tiene, y que quizá ahora le parece ideal, puede llegar a aburrirle y a frustrarle. Debe prever que lo que hoy le hace feliz profesionalmente puede resultarle difícil de soportar dentro de algún tiempo.

Pilar Jericó, presidenta de Be-Up, cree que “hoy se magnifica la felicidad y eso nos ha esclavizado mucho. A veces se confunde el estado emocional con la emoción concreta, igual que ocurre en la relación de pareja. El estado emocional está más cerca de la serenidad que del entusiasmo y es más largo en el tiempo que la emoción. La verdadera satisfacción en el trabajo se ve en espacios largos de tiempo. Si lo sometemos a la intensidad de la emoción es difícil. Y aunque uno esté encantado, hay que tener en cuenta que la queja es propia de la naturaleza”.

La frustración llega cuando se quiere vivir en un paraíso laboral que no es real ni duradero

Jorge Cagigas, socio de Epicteles, coincide en que “aquellos que se muestran extremadamente felices tienden a perder la credibilidad en las empresas, igual que ocurre con los cenizos. Quienes siempre se muestran inexplicablemente contentos no apoyan ni motivan a la organización, forman parte del mobiliario positivo y quedan descalificados”.

Hay quien habla de narcotráfico de las emociones y los sentimientos; de campañas de márketing que intentan hacernos retornar al jardín de infancia y de que, en el terreno de la felicidad, hay empresas que entran en territorios que no les corresponden.

Por definición, una compañía no está para hacer feliz a la gente. Cabe preguntarse si una compañía ha de ser feliz o más bien rentable, desde el respeto y el cuidado de los empleados, y que éstos puedan desarrollarse profesionalmente. La organización debe facilitar que sus profesionales estén formados, que concilien, que puedan desarrollar su carrera… Pero no que sean felices.

Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, explica que “durante pequeños periodos sí se puede y se debe ser feliz en el puesto que ocupamos, pero no de manera continua, porque tiene sus riesgos. Es bueno estar en guardia de forma permanente para no quedar desfasado o fuera del mercado. Conviene interesarse por nuevos retos y desafíos de nuestro sector o de nuestra profesión y formarse continuamente. Hay que mantener cierta visibilidad y ser empleable. Y evitar caer en la zona de confort que nos aburguesa”.

Es bueno reinventarse y estar en guardia de forma permanente para no quedar fuera del mercado

Peñalver añade que, “aunque el trabajo que tenemos esté bien y nos satisfaga, nuestros intereses y valores van cambiando. Esto no sólo depende de uno mismo. Nuestra empresa y su cultura también van a cambiar, y también el mercado, la tecnología, e incluso las necesidades de nuestros clientes”. Recuerda además que “somos variables y dependientes de un montón de factores, y hay que mantener siempre cierta tensión. Además, somos personas antes que profesionales. Si a nivel personal hay algo que falla, afecta a nuestra felicidad laboral”.

Cagigas opina que “exagerar es perjudicial. Si uno se plantea que lo más feliz es el trabajo, se produce un desequilibrio en su vida. Si todo pivota alrededor de nuestra actividad profesional nos convertimos en workaholics. Hay que tener sentido de la medida. Se deben ver las superaciones y las mejoras para tener una visión de futuro. Y si todo gira alrededor de nuestra actividad no existen elementos de medida para afrontar otro empleo o para cambiar. No se podrán ver las transformaciones necesarios, ni por dónde vienen las dificultades. Y no estaremos preparados para buscar alternativas o soluciones. Si uno se vuelca en ese trabajo no visualiza las oportunidades profesionales que vienen, y quien no es capaz de construir un modelo objetivo tomará las decisiones equivocadas en un proceso de nueva búsqueda”.

Si todo pivota alrededor del puesto y del trabajo nos convertimos en ‘workaholics’

Cagigas insiste en que precisamente en esa búsqueda puede haber una escucha pasiva (alguien nos llama), o una escucha activa (un headhunter nos reclama y nosotros nos preguntamos si la oferta puede ser interesante). Se da asimismo la búsqueda pasiva (estar atento), la búsqueda activa y la que se puede considerar como desesperada: “Pasar de la escucha pasiva a la búsqueda desesperada es un salto demasiado grande, y el quebranto emocional puede ser gigantesco”.

José María Gasalla, profesor de Deusto Business School, recuerda que “cuando se tienen dudas, es bueno plantearse al menos tres cuestiones: la primera es si en su compañía actual -de la que está pensando irse- le respetan y si se siente valorado en ella. La segunda es si sigue aprendiendo. Y la tercera implica comprobar que lo que hace en su actual trabajo esté alineado con el sentido de su vida”. Si la respuesta es “sí” a todo, quizá marcharse no sea lo más oportuno”. Ante la duda acerca de si quedarnos o irnos debemos pensar si el verdadero cambio es dejar la empresa, o si lo verdaderamente transformador y eficaz es permanecer (reinventándonos) en ella.

Principios básicos

  • El trabajo perfecto que nos haga felices para siempre no existe; hay que crearlo. No es la empresa la que debe buscar la felicidad de los empleados. Esta es una tarea de cada uno que ha de trasladarse al entorno de trabajo.
  • La verdadera satisfacción laboral tiene mucho que ver con nuestra capacidad para reinventarnos profesionalmente y dotar de valor cada día a nuestro puesto de trabajo. Incluso aunque lo aborrezcamos.
  • Dedique tiempo de calidad para preguntarse qué significa para usted el trabajo, qué quiere conseguir, dónde quiere llegar, qué papel juega en su vida en comparación con otros aspectos. Este ejercicio debe hacerse con cierta regularidad, no una vez en la vida.
  • Unas altas perspectivas sobre las circunstancias favorables de vida pueden asociarse con una gran satisfacción vital, pero si se espera algo irreal, esto es sólo un principio de infelicidad. Esto vale también para el trabajo, tanto para sobrellevar un puesto que aborrecemos como para cuidar de que un empleo ideal no se convierta en algo rutinario que incluso podamos llegar a odiar.
  • No sea absoluto: el trabajo ideal para usted es relativo y depende del contexto. No puede tener una visión de blanco o negro, sino más relativa. Márquese baremos antes que objetivos absolutos.
  • Elija el momento oportuno, y compruebe la oportunidad de ir hacia el exterior o quedarse en su compañía. Tenga en cuenta que la imagen que proyectan muchas empresas hacia afuera no coincide con lo que perciben quienes trabajan en ellas. Cuando decide irse y llega a una organización que supuestamente es ideal, quizá compruebe que es peor que aquella de la que se ha ido.

Ser empleable es la clave

  • Uno de los requisitos para el éxito laboral y la felicidad en el trabajo es saber cuidar nuestra propia empleabilidad.Para ellodebemos pensar y actuar como si fuéramos un negocio o una empresa; debemos definir cuál es nuestro producto y nuestra área de experiencia; conviene que conozcamos nuestro mercado objetivo y a quién vamos a dirigir nuestros servicios. Y es necesario tener claro lo que nuestro cliente (el empleador) desea y valora.
  • Conviene que analice su empleo, su profesión o el sector en el que trabaja. Pregúntese qué estará haciendo dentro de cinco años y diseñe un plan de carrera que le haga parecer más atractivo ante los reclutadores y que le diferencie del resto de candidatos.
  • Hoy se exigen capacidades (‘soft skills’) que no son meros conocimientos ni habilidades técnicas. Debe desarrollar un juego de esas nuevas habilidades para responder a las exigencias del mercado o renovarse en su puesto.

Bases para la satisfacción

  • Necesitamos seguridad en el trabajo. Requerimos refuerzo positivo por parte de quien nos manda.
  • Queremos reconocimiento. Parece obvio, pero una reciente encuesta de Gallup concluye que los empleados que lo reciben regularmente incrementan su productividad, están más comprometidos y tienden a permanecer más tiempo en su organización.
  • Deseamos ser comprendidos. La misma investigación de Gallup señala que uno de los grandes errores de los jefes es no escuchar ni entender a sus empleados. La confianza de un equipo se erosiona cuando el superior no solicita la opinión de los miembros de éste.
  • Que nuestro trabajo tenga sentido y un propósito.
  • Comunicación. Saber lo que pasa en la compañía. Se trata de tener claro cuáles son los objetivos y qué se espera de nosotros.

No parezca muy alegre

  • No se muestre demasiado satisfecho ni alardee de ello en su trabajo. Como en todo, en términos de satisfacción laboral, la virtud está en el justo medio.
  • El exceso cuando se muestra la felicidad laboral conduce a un ‘buenismo’ que linda con la falsedad.
  • Tenga cuidado: un empleado que siempre está contento se asocia al hecho de que esté satisfecho con sus condiciones actuales. Un jefe que ve siempre contento a ese empleado podría concluir que está bien retribuido emocionalmente. Así, el mando dedicará unos recursos habitualmente escasos a hacer feliz a otro que se queje.
  • En una organización en la que prima el logro y el positivismo hay poco riesgo de mostrar entusiasmo. Analice si su compañía cuenta con buenos procesos de revisión salarial y de evaluación, y si los empleados son conocidos fuera de sus departamentos y por varios jefes.

¿Irse a una empresa feliz?

  • Ninguna empresa tiene la obligación de hacerle feliz, y no existe la empresa ideal. Tenga en cuenta esto cuando decida cambiar de compañía, obnubilado por lo que ha oído decir de otras empresas, que supuestamente ofrecen buenos horarios, posibilidades de conciliar, flexibilidad, planes de carrera, sistemas retributivos que no se parecen en nada al suyo, u organizaciones sin jerarquía y con jefes motivadores.
  • Desconfíe de las organizaciones que venden al exterior un buenismo falso que asegura un paraíso laboral en el que nadie discrepa, donde no hay discusiones. Recuerde que ese consenso excesivo lleva a la ineficacia y a la injusticia.
  • Controle y analice la información que recibe sobre la nueva empresa. Tenga cuidado de no confundir los requisitos, porque en esto se basa saber si está preparado para el nuevo trabajo. Analice las condiciones económicas, la seguridad a largo plazo de la compañía, la posición que puede ocupar, las expectativas de futuro o los planes de carrera y de formación, el contenido del puesto, o las posibilidades de conciliación entre la vida laboral y personal.
  • Si busca tener un nuevo valor y una visibilidad que nadie le reconoce en su empresa actual, no olvide empezar por un análisis de su trabajo, profesión, sector y carrera. Determine qué estará haciendo en un futuro a medio o largo plazo. Debe conocerse muy bien a usted mismo y conviene que diseñe un plan de carrera realista en lo que se refiere a sus fortalezas y carencias.
  • Tenga en cuenta que la solución a su frustración laboral podría estar en dar una nueva oportunidad a su empresa. Plantee nuevos retos y arguméntelos. Pida nuevas oportunidades. Proponga nuevos proyectos y explique sus beneficios.

 

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