“Nuestra felicidad depende de la mente”

POR MONTSE MATEOS

Director del Máster de Mindfulness de la Univesidad de Zaragoza, es uno de los referentes en esta metodología que, según afirma, “empieza a calar en el ámbito empresarial”

No tiene que ver con el yoga, ni es solo meditación. El mindfulness se define como atención y conciencia plena, se trata de concentrarse en una tarea concreta y ser capaz de desconectar. Se podría definir como el antiestrés y quien está convencido de ello es Javier García Campayo. Médico psiquiatra en el Hospital Universitario Miguel Servet y profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Zaragoza, coordina desde hace cuatro años el primer máster en España sobre mindfulness y dirige el Congreso Internacional Mindfulness en el ámbito profesional que tendrá lugar el 25 y el 26 de mayo en Zaragoza. Acomete esta metodología desde una perspectiva científica y con la seguridad de que en un lustro la mayoría de las empresas incorporarán el mindfulness. Mientras tanto se enfrenta a una carrera de fondo: “Menos del 10% de las compañías del Ibex35 lo ofrece”. Y eso le preocupa porque “la mitad de la población de occidente está estresada, y el 90% de la gente preferiría no trabajar. El estrés es muy frecuente, no mejora el rendimiento. En medicina existe una teoría denominada neuroinflamación que viene a decir que en el estrés está el origen de casi todas las enfermedades físicas y psicológicas. El mindfulness disminuye ese estrés”.

¿Qué es el mindfulness?
Es un estado de la mente que consiste en estar en el momento presente centrado en lo que estás haciendo. Existen dos cerebros, uno practica mindfulness y otro no. Está comprobado que hay cambios importantes en la arquitectura cerebral de aquellos que lo practican, es un cerebro hipersano, como el de un deportista. En ese estado la mente se asocia a un bienestar psicológico, es más eficaz que la relajación.

¿Por qué?
Permite cambiar la mente. Estás relajado mientras escuchas música, y el yoga es bueno para la salud física, pero en ambos casos no hay cambios en el funcionamiento de la mente. El cerebro tiene dos estados el ‘hacer’ y el ‘ser’. En el primero está en continuo diálogo interno, enfocado a los objetivos sin prestar atención a lo que ocurre fuera. El ‘ser’ se centra en las sensaciones corporales. Hay estudios que demuestran que la felicidad depende de que la mente esté en lo que estás haciendo.
¿Cómo se consigue?
El mindfulness te permite cambiar del modo ‘hacer’ al ‘ser’, es decir, parar, no hacer nada. La respiración es el punto de anclaje de la atención, es lo que detiene el diálogo interno.
¿Cómo se convence a las empresas de que esto es beneficioso?
Los primeros estudios se hicieron en Estados Unidos: quienes practican mindfulness gastan menos en seguros médicos y faltan menos al trabajo. Y se comprobó que la productividad aumentaba entre un 30% y un 50%. Eso no se consigue con un curso, es necesario que la empresa se comprometa y se implique, parando un minuto antes de una reunión, con salas en las que se pueda practicar, facilitando formadores…
¿Por qué no cala en España?
Vamos con treinta años de retraso y es una cuestión cultural. Los directivos y recursos humanos suelen ser más receptivos, pero les preocupa cómo venderlo para que no se confunda con seudociencia o yoga. Tenemos que darle el toque científico, somos investigadores y que estén implicadas las universidades da una pátina de credibilidad importante. En EEUU todas la universidades y algunas escuelas de negocio ofrecen mindfulness; en España sólo lo imparte la Universidad de Zaragoza, la Complutense y el IESE.
¿Cómo influye el mindfulness en la empleabilidad?
Desconocemos el empleo que habrá los próximos 30 años. La teoría que aprendemos ahora es inútil. El mindfulness no te da contenidos pero amplía el continente, hace un cerebro capaz de concentrarse y rendir más.

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