“Las empresas quieren embajadores”

POR MONTSE MATEOS

 

Ulrich es una de las referencias en el ámbito de recursos humanos y la empresa por méritos propios. Considerado uno de los 50 mejores pensadores de gestión del mundo, apuesta por las personas y su conexión con las compañías y los clientes como la clave del éxito empresarial.

En uno de sus últimos post, Dave Ulrich menciona sus viajes familiares a las dunas en la costa de Oregón. “Todavía recuerdo haber intentado subirlas. No funcionó. Con cada paso adelante, retrocedía casi lo mismo. ¡Llegar a la cima de la duna fue un esfuerzo abrumador y casi siempre infructuoso!”. De esta manera ilustra que a menudo el esfuerzo no es igual a los resultados. Ulrich (Ely, Nevada, 1953) es uno de los mayores expertos en recursos humanos del mundo, y quizá es así porque recurre a la lógica más aplastante para explicar cómo son las personas, las organizaciones y el papel que deben desempeñar los líderes para que todo funcione. Criado en Oregón, su padre era constructor de campamentos y su madre prestaba servicios a la comunidad. De ellos aprendió la importancia de ayudar y el valor del trabajo duro. Iba a hacer Derecho pero acabó estudiando a las organizaciones. De eso habló en el marco del último Updaterrhh organizado por la Asociación Centro de Recursos Humanos (miembro de Aedipe y celebrado en la Fundación Bertelsmann en Madrid. Allí tuvo lugar esta entrevista en la que explicó cómo la tecnología, las personas, las empresas y los clientes deben jugar en el mismo equipo para tener éxito.

 

¿Qué camino es el más adecuado para conseguir resultados?
El primer paso es saber qué queremos conseguir y con qué contamos. No se trata sólo de lo que hacemos, sino de lo que logramos, por eso hay que identificar el objetivo. En segundo lugar, debemos saber qué valor aporta a los demás ese resultado; y, en tercero, tener claro que si se trabaja duro y bien se conseguirá. En último lugar, y por supuesto, aprender a mejorar: cualquier esfuerzo que supone un objetivo debería evolucionar a lo largo del tiempo.
¿Qué modelos propone para aumentar la productividad del empleado?
Si un líder pregunta a sus profesionales qué hay que hacer para aumentar la productividad, éstos sienten que tienen voz y su opinión no importa. Lo que tienen que hacer los buenos jefes es hacer sentir a sus empleados que pueden opinar, que se les escucha. Sólo así se sentirán más comprometidos con lo que hacen y serán más productivos.
¿Qué papel desempeña la innovación en la transformación de las organizaciones?
Lo bueno de la innovación es que consiste en crear una forma diferente de hacer las cosas, una manera que antes no se había llevado a cabo. La clave de esa innovación es que esté presente en toda la empresa, en los clientes, el producto, el diseño, la distribución… tiene que extenderse a todo el negocio.
Se dice que el empleado está en el centro de las organizaciones, ¿es cierto?
Creo que el centro tiene que estar en la unión entre el empleado y el cliente. Si nos centramos en el primero y no se presta servicio al cliente, no funcionará. Las compañías existen para crear valor y si eso no se le ofrece al consumidor, es imposible que la compañía perdure en el tiempo.
A quién se exige más, ¿al cliente o al empleado?
A ambos. Si el cliente no recibe lo que necesita, el profesional no tendrá trabajo, y si el empleado no ofrece lo que el primero requiere… es recíproco. Tienen que trabajar juntos, esa conectividad les hace más fuertes.
La tecnología aumenta la velocidad de los procesos, ¿se piensa más en la rapidez que en lo que aportan las personas?
La empresas deben ser capaces de responder con rapidez, la misma a la que nos movemos. Los empleados tienen que estar expuestos a ese cambio externo para adaptarse a las necesidades del mercado
¿Qué lugar ocupan los freelance en este escenario laboral?
Entre un 20% y un 40% de la plantilla de una empresa podría ser freelance, lo importante es que, ya sea a tiempo completo o parcial, compartan los valores de la empresa. El cliente sólo quiere recibir un buen servicio y le da igual de quién proceda. Los trabajadores independientes son parte del éxito, pero no creo que superen el 40% en una compañía. Las organizaciones no pagan bien a los freelance, por eso pocos de ellos trabajan a tiempo completo. Por otra parte, las compañías quieren embajadores únicos, un rostro común y eso, a veces, no se consigue con un freelance que trabaja en distintos proyectos.
Muchos le consideran un gurú…
No creo que lo sea. Mi trabajo consiste en visitar muchos países, empresas, ver lo que sucede y escribir sobre ello. Si lo que cuento ayuda a otros a entender el mundo y lo pueden utilizar para tener éxito me considero útil.
A menudo hace referencia a su mujer y a sus tres hijos en sus charlas, también a sus nietos, ¿qué ha aprendido de ellos?
Tengo seis nietas y dos nietos, los adoro. Quiero a mi mujer y a mis hijos pero tengo una relación especial con mis nietos. Lo más interesante es investigar en esa nueva relación. Hay algo especial en invertir en la próxima generación. Me gusta preparar a mis nietos para un mundo que no sabemos cómo va a ser.

Observar, analizar y aprender

Profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Michigan y socio de RBL Group, Dave Ulrich está entre los 50 mejores pensadores de gestión del mundo y ha trabajado para algunas de las empresas más reconocidas internacionalmente. Ha publicado más de 200 artículos y 25 libros sobre el ‘management’ en las organizaciones, algunos de ellos ‘best seller’. Su afición por la empresa se remonta a su etapa universitaria hace más de cuarenta años. Explica que su profesor de Conducta Organizacional les enseñaba que las organizaciones no piensan, son las personas: las empresas existen para estructurar el modo en que la gente piensa y actúa. “Una de las tareas que nos encargó fue mostrarle cómo las compañías dan forma a todo ello. Escribí 15 artículos distintos de diez folios cada uno… entonces me recomendó dejar la carrera de Derecho y estudiar las organizaciones. Sigue siendo uno de mis mentores, pero no estoy del todo de acuerdo con él. Es cierto que las organizaciones no piensan, pero sí que crean una cultura que sobrevive a las personas. Para darle forma a una empresa, es necesario gestionar a su gente, pero también su cultura”. Y si la cultura es lo que importa, ¿por qué se insiste tanto en la tecnología? Ulrich responde que “la tecnología ayuda a cambiar la cultura porque permite acceder a la información más rápido y comunicarnos a distancia, y eso ayuda a modificar la cultura”. Pese a todo, reconoce que echa de menos el contacto humano con el que lleva años trabajando: “La conexión entre las personas es clave, la tecnología sólo sirve para fomentar esa relación. Las compañías han descubierto que es posible trabajar de manera virtual, pero sólo si antes se ha establecido un buen vínculo”.

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