La decepción de un trabajo irreal quema a los ‘Millennials’

POR ANDREW HILL

Ante la perspectiva de una carrera de éxito en una empresa, los recién titulados comienzan a someterse a una presión a la hora de realizar prácticas, que no siempre suponen un trampolín para su carrera.

Antes, los directivos tenían que trabajar durante años para conseguir opciones sobre acciones, una oficina mejor o un coche de la compañía, lo que terminaba llevándoles al agotamiento. Sin embargo, muchos Millennials ya han llegado a este extremo.

Los graduados aceptan puestos de menor rango para progresar en su carrera

Los graduados están haciendo grandes esfuerzos para conseguir independizarse y progresar en su carrera profesional. En ocasiones, aceptan puestos de menor rango que, por su naturaleza, suelen ser frustrantes y poco gratificantes.

El precio del entusiasmo

En 2013, la muerte de Moritz Erhardt, que trabajó durante el verano como becario en la sucursal londinense del Bank of America (BofA), motivó que este tipo de compañías hiciese examen de conciencia. Erhardt sufrió un ataque epiléptico. No obstante, el forense concluyó que pudo haber sido provocado por el agotamiento del trabajo durante horas sin descanso. Desde entonces, el BofA y otras compañías han endurecido sus normativas sobre el horario laboral de los becarios para que los jóvenes reequilibren sus prioridades.

En 2012, Bogdan Costea y varios de sus colegas de Lancaster University Management School analizaron las ofertas de empleo de The Times Top 100 Graduate Employers, la guía anual en la que las principales compañías publican sus anuncios para atraer a los graduados. Entre los eslóganes destacaban: “Invierte en ti” (Herbert Smith, un bufete de abogados), “Conoce más, progresa” (Barclays) o “Sé el único que nunca se detiene” (PwC). Tras la tragedia de Erhardt, Costea declaró que “esta cultura del trabajo se centra de forma implacable en el ego, una filosofía que comienza a transmitirse desde el inicio de las carreras profesionales”.

Siguiendo este hilo, Kira Schabram, de la Universidad de Washington, y Sally Maitlis, de la Universidad de Oxford, entrevistaron a exempleados y al actual personal de un refugio de animales para un estudio de la revista Academy of Management Journal. La mayoría afirmó que su trabajo era estresante, sobre todo para aquellos que han tenido que presenciar o practicar una eutanasia a un animal.

Los jóvenes saben combatir el estrés, pero ignoran que una gran ambición puede llevar a la ruina

Cuando realicé mis prácticas, recuerdo que les prometí a mis padres que nunca sería como aquellos universitarios que trabajan hasta tarde. No obstante, la ambición y la presión de grupo influyen a la hora de buscar un puesto de trabajo. Después de unos meses, tenía un programa de prácticas similar al de mis compañeros porque me dejé llevar por el entusiasmo.

Estoy de acuerdo hasta cierto punto en que no es malo que las personas se comprometan con su trabajo. Detrás de cada anuncio en el que se buscan empleados “apasionados” y “entregados”, hay personas que se preguntan por qué no se sienten realizados y satisfechos con su empleo.

La desilusión del directivo

Esto es, en cierto modo, lo que experimentan los consejeros delegados cuando finalmente alcanzan la cumbre de sus carreras profesionales. El asesor internacional Ram Charan afirma que estas personas suelen saber “a qué quieren dedicar su tiempo y decir ‘no'”. Aun así, algunos consejeros delegados fracasan. Por eso, las compañías han comenzado a ofrecer apoyo a sus directivos con más potencial para evitar futuras crisis.

Las organizaciones tendrían que mostrar la misma preocupación por las personas con potencial que están comenzando. Según varios estudios, los trabajadores jóvenes son conscientes del estrés y saben combatirlo con ejercicio, meditación y descansando, aunque también deberían tener presente que la ambición extrema por triunfar podría suponer la ruina. La investigación que se realizó al personal del refugio de animales concluyó que aquellos trabajadores que evitaban el estrés solían tener aspiraciones más modestas. No ponían como prioridad su trabajo ni lo consideraban una misión transcendental en sus vidas y, como resultado, no habían perdido el entusiasmo ni la pasión.

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