La comunicación, el mejor canal para llevarse bien con el jefe

POR MONTSE MATEOS

Aunque al 48% de los empleados le gustaría cambiar de jefe, el 67% declara que sí confía en quien manda. Establecer una vía de comunicación adecuada es fundamental para lograr que este tándem funcione.

El cambiólogo es el especialista en transformar una organización, una posición para la que el jefe no está preparado. Julián Trullén, director de Estrem (Escuela de Transformación Empresarial ), recurre a ese término para identificar a aquellos que tienen en su mano cambiar la empresa y la manera en la que se hacen las cosas, un cometido para el que no están preparados directivos, directores, jefes o encargados. Lo afirma con un dato poderoso: la opinión de los empleados. Estrem acaba de presentar el Barómetro de Liderazgo 2017, un análisis que recoge la opinión de 392 profesionales de empresas con más de 1.000 empleados (26,3%) y con una plantilla entre 10 y 50 trabajadores (26%). Según Trullén, este análisis evidencia que las compañías se enfrentan a un nuevo desafío, “porque no se muestran capaces de generar entornos en los que prime la comunicación, la participación, la atención, la escucha, el aprendizaje, el compromiso… más bien son lugares en los que los empleados se sienten no escuchados, no atendidos”.

El 72% de los trabajadores siente aprecio por su jefe, y un 52% afirma que lo admira

A pesar de este panorama tan desalentador, según este análisis, el 67% de los empleados declara que sí confía en su jefe, el 72% siente aprecio por él o por ella, y en el 52% de los casos incluso afirma que le admira. Aún así, el 49% piensa que su jefe no le ayuda y preferiría hacer su trabajo solo. A menos de la mitad (48%) le gustaría cambiar de jefe, y sólo el 32% afirma que preferiría un nuevo jefe a un aumento de sueldo.

Credibilidad y autenticidad

Que el que manda sea verosímil y auténtico es el punto de partida para ser aceptado en un grupo de trabajo, pero en eso está muy lejos del aprobado según los empleados. El 70% responde que su jefe no es creíble como líder, y el 73% que hace promesas que luego no cumple. El porcentaje mejora ligeramente cuando se plantea si cumple con sus compromisos: el 60% opina que no. Tampoco sale muy bien parado en términos de coherencia: el 66% cree que no hay una relación entre lo que dice y lo que hace.

¿Dar ejemplo? Está claro que los profesionales tienen que buscar otras referencias, porque su jefe no vale. El 61% de los profesionales asegura que no acata las normas del mismo modo que exige a los demás; y el 62% cree que los jefes no asumen sus responsabilidades ni se muestran firmes ante situaciones adversas. Lo mismo sucede con la ética de acciones, que también se cuestiona: el 69% afirma que su superior antepone sus propios intereses a los de la empresa.

Motivación e implicación

El diálogo es la base de las relaciones y, por los resultados, parece ser que la información entre jefe y empleado no fluye de manera correcta. Trullén explica que “la calidad de la relación y la interacción son clave”. Es lo que denomina VPR, Visión, Procesos y Relaciones. “La relación está en la base de todo. La sacamos, ponemos el foco y decidimos las reglas de interacción. Ese tiene que ser el punto de partida para que todos vayan en la misma dirección”. Y esos también son los pilares de la motivación y la implicación de los empleados, una cuestión en la que el jefe, una vez más, no está muy bien considerado.

Más de la mitad de los empleados asegura que su superior le ayuda a desempeñar sus funciones

El 72% de los profesionales cree que no consigue que se implique en los objetivos de la empresa; y el 77% que no logra que vea el impacto de su trabajo en los logros de la compañía. Tampoco sabe cómo hacer que el equipo se comprometa en la consecución de objetivos, en opinión del 73% de los encuestados. La cifra sube cinco puntos cuando se pregunta por el tiempo que el jefe dedica a su gente: el 78% opina que no es suficiente.

La motivación tampoco parece ser el fuerte de quien manda, algo que no sorprende, ya que el 67% de los entrevistados cree que su jefe no demuestra optimismo. Son más aún los que opinan que no consigue que se esfuerce e intente mejorar su trabajo (72%); y un 77% piensa que su responsable directo no sabe hacer que tenga ilusión por su trabajo. Salen más favorecidos cuando se valora su amabilidad y respeto: sólo el 42% se siente maltratado en este aspecto. No obstante, el 72% ni percibe un trato justo por parte de su jefe ni siente que trate a todos por igual y sin favoritismos.

Capacidades técnicas

Sorprende no sólo que el 76% crea que su superior no es consciente de sus limitaciones, también que el 80% asegure que ni se esfuerza en superarlas y tampoco utiliza las situaciones de error como oportunidades de mejora. Así, no es de extrañar que el 79% de los encuestados piense que quien manda no tiene las capacidades suficientes, ya que afirma que no es capaz de hacer su trabajo mejor que él o sus compañeros. Y, si eso aún fuera poco, un 74% está seguro de que su jefe no gestiona bien su tiempo ni el de sus colaboradores.

El conflicto

Cuando se menciona el conflicto, Trullén se apresura a decir que ‘viva la queja’: “Cuando alguien se queja es porque algo le importa. Si un profesional no hace algo, a menudo no es porque no quiera, sino porque tiene algún problema”. El director de Estrem explica que es necesario que el empleado participe “y que reclame su espacio de expresión, debe ser consciente de que su rol tiene que cambiar y ser impulsor del cambio”.

Los conflictos son necesarios como elemento de ruptura con lo antiguo, para poder crecer y crear organizaciones inteligentes. Esto requiere personas capaces de ser árbitros y, a veces, parte en situaciones complicadas, sin embargo, el 71% cree que en esa disyuntiva su jefe no maneja sus emociones adecuadamente: el 70% opina que no es capaz de centrarse en la tarea y en las personas de manera equilibrada, y el 73% no siente que le escucha y se pone en su lugar en esos momentos. El broche a esta incongruencia lo ponen los dos tercios de los encuestados (65%): coinciden en que en caso de conflicto, su jefe no es capaz de centrarse en la solución y sólo trata de justificar y buscar culpables

Aspectos positivos de un mando difícil

Los jefes, como los empleados, son personas, con sus virtudes y su defectos. Si percibes que la actitud de quien manda es demasiado exigente y trabajar con el/ella es más difícil de lo que pensabas, cambia de estrategia y trata de extraer lecciones positivas que te hagan mejor profesional.

  • Un jefe que responda al apelativo de ‘exigente’ te llevará al límite, te pondrá elevadas metas y esperará mucho más de ti que cualquier otro. Un comportamiento que te servirá de aprendizaje. Te sacará de tu zona de confort y te enfrentará a retos, un aliciente para superar cualquier conflicto.
  • Puedes aprender a cuidar tu autoestima. Ante un superior nefasto que intenta destruirla, tienes que hacer ver que vales más que él o ella y el papel que un mal jefe te puede obligar a desempeñar.
  • Lidiar con alguien que está siempre encima de ti, te obliga a dar rienda suelta a tu creatividad. Quien tiene un superior malo tiende a buscarse la vida y aprender a no depender de nada ni de nadie, a ser más autónomo.
  • La calma y la paciencia que requiere trabajar con estas personas te pueder servir dentro y fuera de tu trabajo. Descubrirás en ti a un gran diplomático, el árbitro que todo el mundo desea para poner fin a sus discusiones.
  • En cualquier caso, no saques conclusiones precipitadas sobre el carácter de tu jefe, ni te dejes llevar por la experiencia y opiniones de otros que antes han trabajado con el/ella. Puede que no sea tan malo/a como lo pintan y sí alguien motivador que pide tanto a los demás como a sí mismo. A veces son los peores empleados quienes consideran demasiado duro a quien manda.

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