Cotillas y otros enemigos de la eficacia laboral

POR MONTSE MATEOS

 

Impertinentes, pelotas, perezosos y holgazanes son algunos de los profesionales tóxicos que pueden envenenar una jornada laboral y, en algunos casos, pulverizar la carrera profesionales excelentes.

Sin quitar el mérito a su toxicidad, existen otros que también pueden minar la productividad. Generalmente no son malos compañeros, pero en su ignorancia hacen mucho daño a la eficacia laboral del resto. Eva Aguilera, socia de Éthica Consultores hace un repaso de los más dañinos:

  • Club de las víctimas. Hablan sólo para quejarse de todo sin aportar soluciones. No es tanto por el tiempo que emplean en ello como por el ‘mal cuerpo’ que se queda después de escucharles, y lo que hay que dedicar en volver a ser eficiente.
  • Club de los cinco minutos. Compañeros o jefes que muy amablemente interrumpen bajo el lema ‘sólo serán 5 minutos’ y nunca son 5 minutos.
  • Adictos a las reuniones. Convocan reuniones sin orden del día, sin objetivos y sin saber quién va y para qué va. También ‘pecan’ aquéllos que aceptan y acuden a todas sin saber para qué.
  • Asamblearios. Cualquier decisión se les hace un mundo, por eso necesitan organizar una asamblea para tomar decisiones sencillas para las que están capacitados pero que dudan de su criterio.

Javier Cantera, presidente de Grupo BLC, suma a esta ‘fauna’ tres actores que agrupa bajo el paraguas de los ‘bienintencionados’: “Los que te cuentan su historia y no sabes cómo pararles; los monologuistas, que intentan que le rían su monólogo en un momento dado; y, por último, los que solicitan tu opinión para todo. Ninguno de ellos son tóxicos, pero generan una pérdida de tiempo”.

Los jefes, los vagos y los cotillas también son dignos de mención para Genoveva Vera, coach ejecutiva y experta en liderazgo. Así justifica su toxicidad para acabar con una jornada productiva:

  • Los jefes tóxicos. Se trata de jefes que no sabe dirigir, que no saben distribuir las tareas en función de las capacidades de sus colaboradores, que no dejan claros los objetivos que hay que cumplir, que maltratan a su gente, que no valoran el trabajo que realiza su equipo o que generan tensión y competencia entre sus propios colaboradores.
  • Los vagos y los quejicas suelen producir un desequilibrio en la carga de trabajo de los demás.
  • Los cotillas que siempre están criticando a todos y generando conflictos entre los compañeros.
  • Los agresivos, aquellas personas que pierden el respeto a sus compañeros.
  • Los saboteadores. Suelen ser empleados que están descontentos con la compañía, con sus jefes y cometen actos de sabotaje como retrasos voluntarios en la entrega de trabajo o dañar equipos.

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