Convierta el trabajo que tiene en el empleo con el que sueña

POR TINO FERNÁNDEZ

En el difícil trabajo de buscar empleo usted puede obtener la recompensa de un puesto… Quizá no sea precisamente el que ha soñado y tal vez le resulte decepcionante. Puede optar por la queja o por la frustración, pero también por reinventar esa actividad y convertir ese trabajo que no le gusta en otro que termine por aportarle valor y satisfacción profesional. Ese cambio es posible.

No tiene por qué resignarse, ni vivir con la frustración que impone un trabajo que aborrece, que está por debajo de sus verdaderas capacidades o, simplemente, que usted no quiere… Seguro que hay algo mucho mejor… Pero quizá no le quede más remedio que aguantar en el puesto que tiene, con el jefe y los compañeros que le han tocado en suerte… En esa empresa y en un empleo que le decepciona.

No es necesario que se instale en la queja o en la insatisfacción laboral. Puede convertir el trabajo que tiene en el empleo con el que sueña… O al menos en algo muy parecido.

Los expertos hablan de una prueba del algodón casi infalible: Si en su compañía actual le respetan y se siente valorado en ella; si sigue aprendiendo; y si lo que hace en su actual trabajo está alineado con el sentido de su vida, no tiene por qué irse. Es posible transformar su puesto, adquirir un nuevo valor y un brillo profesional que ahora no tiene.

Nunca es tarde para cambiar de empleo, pero tampoco lo es para conseguir el trabajo soñado, incluso dentro de la organización actual. Recuerde que los empleos se transforman y el ideal puede llegar, porque quizá hay uno que ni siquiera está inventado. Pero debe renovarse y estar preparado para hacer que eso suceda, centrándose en aquello que esté relacionado con sus fortalezas y capacidades.

Silvia Leal, mentora de Human Age Institute, hace notar que tener un empleo que no nos satisface debe hacernos pensar, en primer lugar, si hemos hecho algo mal durante el proceso de selección, y si estamos gestionando adecuadamente nuestras expectativas.

Juan San Andrés, consultor de RRHH y coach, cree que “las empresas deberían incluir en las descripciones de los puestos un párrafo diciendo que se espera que todo ocupante del puesto haga lo posible por mejorar la realización de sus tareas y que lo proponga a sus supervisores. Este párrafo permitirá ver más tarde quién hace cambios en sus puestos y quién se acomoda. Se suele pensar que las personas tienen capacidades similares a las que exigen sus puestos. Las organizaciones rígidas no permiten que nadie aporte novedades a su puesto, con lo que será difícil ver las cualidades de la gente más allá de lo exigido por el puesto. Si se pregunta en una entrevista de selección a los candidatos qué cambios harían en su trabajo y en su departamento actual para que fueran más eficientes, la respuesta que dan dice mucho de esos candidatos. Algunos tienen ideas clarísimas de mejoras, y otros ni han pensado en ello. Son dos enfoques vitales muy distintos”.

Por lo que se refiere a las expectativas, el desencanto profesional que nos puede causar un empleo tiene que ver en ocasionas con un diseño erróneo de nuestro puesto, con una visión fuera de la realidad.

No conviene que nuestras aspiraciones profesionales se encaminen hacia modelos ideales de empresas: no todas las organizaciones felices que se vanaglorian de serlo son el paraíso laboral que prometen. Podría decirse que en cuestión de satisfacción laboral, no todo el monte es orégano.

Un primer antídoto contra la frustración que supone un trabajo que no nos gusta es plantearse si la profesión que hemos escogido tiene futuro o va a desaparecer; si el mercado va a necesitar los mismos profesionales; o si somos buenos de verdad en esa actividad concreta.

San Andrés recuerda que “la nueva economía está generando muchos puestos básicos y simultáneamente hay más gente formada que nunca. También se generan trabajos complejos, pero menos y, en España, menos aún. ¿Cómo afrontar el desempeño de un puesto que puede ser pobre, mecánico y sin posibilidades de progresión? Este es el reto al que se enfrentan muchas personas. De su actitud ante él dependerán cosas importantes: su autoestima y su desarrollo personal y profesional”.

San Andrés añade que “somos directores generales de nuestros puestos, sean cuales sean. Eso permite pensar en el trabajo ‘a lo grande'”.

Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, considera que es posible cambiar el trabajo que tenemos y transformarlo en una actividad que nos brinde felicidad laboral: “Si tiene clara su misión o su pasión, puede cambiar su actitud en el puesto que ocupa”.

Para ello cree que “lo mejor es enfocarse hacia lo positivo que puede tener un trabajo. Nuestra empresa tiene un nombre, y quizá pertenecer a ella puede influir positivamente en nuestra reputación. Nos da currículo, y quizá sea bueno aguantar, porque va bien para ello. Además, es posible que hayamos conseguido ciertas condiciones laborales, como un horario flexible, teletrabajo, o posibilidades de formación”.

Silvia Leal recuerda que “en un momento dado, podemos tener un trabajo que creemos que nunca cambiaremos. Pero podemos conseguir que las cosas se transformen si varía nuestra manera de percibirlas. Cuando no hay salida, uno se prepara para otra cosa, pero también puede disfrutar de los pequeños detalles: de una conversación con un cliente, de sacar tiempo para estudiar. Puede acogerse a ciertos momentos que hacen que, al final del día, todo le haya merecido la pena. Es necesario hacer un ejercicio inteligente de nuestros objetivos diarios”.

Pilar Jericó, presidenta de Be-Up, también insiste en la actitud: “El reto puede ser crear un buen ambiente de trabajo, o centrarse en pequeños desafíos. Usted marca las reglas y los retos. Hay que tener una actitud proactiva; participar en programas de mejores prácticas, pedir ayuda a otros departamentos… La actitud es la clave. Hay que encontrar la parte positiva y tratar de reinventar el trabajo cada día. Es necesario moverse y crear nuevas fronteras. Las fronteras son cada vez más líquidas, sobre todo las de las funciones”.

Peñalver añade que “lo que está en nuestra mano quizá no sea cambiar la realidad sino cómo la percibimos”, y sugiere que quizá ese trabajo que tenemos ahora y que no nos satisface sea algo transitorio o instrumental que nos servirá para llegar a la actividad que realmente queremos desarrollar”. San Andrés coincide en que si nuestra actitud es como el puesto, es decir, pobre, mecánica y sin progresión, nos convertiremos en profesionales acomodados a la limitación, frustrados y quejosos. Pero podemos considerar ese puesto “pequeño” como una etapa transitoria o como un laboratorio para ensayar mejoras y ponernos a prueba.

Silvia Leal se muestra convencida de que “podemos ser más influyentes o importantes dentro de la organización en la que trabajamos, pero para eso debemos dejar claro a nuestro entorno que hacemos bien un trabajo. Debemos empezar por hacer bien lo que tenemos que realizar, aunque no sea lo que soñamos. Hay que formarse, y hacer networking, y también conviene que nos dediquemos a otras cosas que se correspondan con aquello que queremos ser y que pueden convertirnos en imprescindibles”, pero sin olvidar que nadie es insustituible en su organización. Empeñarse y obsesionarse con la idea de qué debemos hacer para dejar de ser prescindibles sólo nos llevará a la frustración y casi seguro nos hará tomar decisiones equivocadas.

Para “mejorar” nuestro puesto, Juan San Andrés recomienda pensar en cuál es su finalidad última (dejar satisfecho al cliente, obtener información, que no se pare la máquina del siguiente paso de fabricación, dar cierta calidad). “También podemos aprender más sobre nuestra empresa. A partir de ahí y sintiéndose plenamente responsable y conocedor del puesto uno puede probar mejoras y comentarlas con su jefe. Puede que no se lo reconozcan, pero eso es secundario: habremos pensado como lo hace un director general, nos habremos desarrollado y estaremos satisfechos. Más tarde, podremos buscar otro empleo”.

Alineado con su nuevo puesto

Tenga en cuenta que cuando recibe una oferta, la negociación cambia de sentido: de “ellos” a usted, porque los reclutadores, una vez que le han escogido, ya no piensan en el resto de candidatos. Sólo piensan en que usted empiece a trabajar cuanto antes y se adapte al puesto. Es entonces cuando puede entrar en una negociación sobre el puesto. Algo que no estropee la oferta, manteniendo una actitud positiva y sin rebasar ciertos límites.

  • Las expectativas del reclutador han de estar alineadas con las suyas y deben reflejar lo que desea.
  • La organización le ha de proporcionar los recursos para cumplir con esas expectativas.
  • La compañía que le ha seleccionado debe estar alineada con su nuevo rol.
  • Usted debe tener muy claras las fortalezas y debilidades relacionadas con su nuevo puesto.
  • Conviene que su marca personal esté alineada con la de su empresa. Recuerde que no es insustituible, pero sí singular, por lo que debe demostrar qué diferencia aporta, cuál es su singularidad profesional.
  • La clave está en buscar la propia empleabilidad. Las exigencias del mercado de trabajo hacen necesario que nos vendamos (ante nuestra organización) como si fuéramos una empresa o un producto. Debemos diseñar nuestra carrera pensando en quién podría invertir en nuestro talento. Hay que demostrar resultados y asumir riesgos.

Las bases para un cambio definitivo

  • El trabajo perfecto no existe, pero es posible ser feliz en nuestra vida profesional si nos reinventarmos y dotamos de valor cada día a un puesto, incluso aunque no nos guste.
  • Recuerde que no es insustituible, pero sí singular, por lo que debe demostrar qué diferencia aporta, cuál es su singularidad profesional.
  • Lo que suele motivar en un empleo son las nuevas oportunidades de trabajo y el hecho de poder participar en proyectos innovadores, tener nuevas responsabilidades y que que se enriquezca nuestra actividad habitual. Lo que más se aprecia son las recompensas intrínsecas, que son las que nos damos a nosotros mismos, del tipo “siento que estoy aprendiendo”; “formo parte de un grupo exclusivo”; “soy útil en la organización”, o “me siento reconocido”.
  • El cambio puede estar en convertirse en emprendedor interno dentro de su organización. Para eso hace falta un caldo de cultivo que favorezca la transformación y que sea receptivo a una cierta ‘mentalidad start up’ que cambia muchas empresas.
  • Su organización debe estar dispuesta a aprovechar el talento interno para que se puedan poner en marcha ideas de negocio sin abandonar la compañía.
  • Debe estar a la vanguardia de las tendencias (analizando las profesiones emergentes y los pronósticos del mercado); saber lo que quiere e imaginar su vida con 50 años cuando tiene 20; y reflexionar acerca de cuál será su futuro laboral.

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