Aprender de un fracaso

POR IGNACIO GARCÍA DE LEÁNIZ

El repliegue británico en las playas de Dunkerque permite a Cristopher Nolan filmar una película con lecciones muy útiles

Es Nolan, si no el mejor, uno los directores más relevantes a día de hoy. La madurez cinematográfica con que narra la peculiar batalla de Dunkerque en un alarde de virtuosismo y pericia es buena muestra de ella. Solamente por los tres planos (tierra, mar y aire) con que nos narra el embarco de las tropas inglesas merece la pena ver esta joya narrativa y discursiva. Que además suscita unas reflexiones muy interesantes.

Porque Dunkerque fue ante todo un fracaso muy doloroso para los aliados franco-británicos. Las cifras históricas fueron devastadoras: la Luftwaffe perdió 132 aviones, y las bajas inglesas supusieron 9 destructores, 100 carros, 177 aviones y 35.000 prisioneros de guerra con todo el equipo y armas pesadas. Que podía haber sido todavía peor no significa que fuera un gran fracaso. Y el Alto Mando británico -con Churchill a la cabeza- no cometió el error de negarlo. Todo lo contrario.

DUNKERKE

  • Director: Cristopher Nolan
  • Nacionalidad: Francia, Reino Unido, EEUU, 2017
  • Género: Bélico

Fue a raíz del fiasco de Dunkerque cuando Churchill da su famoso discurso Lucharemos en las playas que terminaba así: “Defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el coste; pelearemos en las playas, pelearemos en los sitios de desembarco, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas: nunca nos rendiremos”. Nunca un fracaso como Dunkerque hizo madurar tantos éxitos posteriores.

El ejemplo inglés

La reacción inglesa al fracaso es lo que el filme anticipa en su parte final. Si analizamos dicha reacción, veremos que Inglaterra siguió las recomendaciones que hace en un artículo en Forbes (Five ways to make peace with failure), la psicóloga Susan Tardanico para gestionar los fracasos. Veamos las cinco estrategias recomendadas cotejándolas con nuestra película:

No hacer del fracaso algo personal. La propia etimología de fracasar (del italiano, fracassare) hace referencia a un estallar y quebrarse de algo. Conviene separar el fracaso de nuestra identidad. Fracasar no es ser un fracasado. Si el Alto Mando británico hubiese caído en esa trampa, no se hubiera ganado la posterior Batalla de Inglaterra.

Hacer balance, aprender y adaptarse. En lugar de lamentarse hay que formularse la pregunta clave: ¿Qué he aprendido de ello? Edison cuenta que tuvo 10.000 ensayos infructuosos antes de dar con la bombilla idónea. Y anota: “Ello no me desanimó pues cada uno de los 10.000 intentos fallidos, descartaba opciones posibles”. De Dunkerque, Inglaterra extrajo enseñanzas técnicas, logísticas y morales fundamentales para su resistencia posterior,

No recrearse en el fracaso. Hay algo de hipnótico en todo fracaso que nos paraliza y entrampa. Conviene romper este bucle peligroso. Churchill sabía muy bien que el pasado -Dunkerque en este caso- no se puede modificar, pero sí podemos configurar el futuro. Sus discursos posteriores a la evacuación subrayan esta posibilidad bien real encarnada en su legendario “sangre, sudor y lágrimas”. Todo menos la inacción.

Desprenderse de la necesidad de aprobación ajena. A menudo nuestra percepción de fracaso se ancla en nuestros temores sobre lo que los demás piensen de nosotros. Y sobre sus reproches. No hay que estar a expensas de las validaciones ajenas. El primer libro de Stephen King, Carrie, fue rechazado por 30 editores. Walt Disney fue despedido del periódico donde trabajaba porque “carecía de imaginación y buenas ideas”. El mismo Churchill suspendió sexto de Bachillerato y fue considerado un alumno “obtuso”. Igualmente Inglaterra tuvo que sobreponerse a la propaganda alemana que -no sin razones- se burlaba de la fragilidad de las tropas aliadas batidas en retirada.

Cambiar la perspectiva ante los fracasos. Se nos ha educado en un temor reverencial al fracaso, como fuente de los peores infortunios. Resulta necesario que empecemos a afrontarlo desde un punto de vista más positivo. Como fuente de experiencia, conocimiento y realidad. A este respecto, Michael Jordan decía: “He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. Y he perdido casi 300 partidos. En 26 ocasiones he tenido la última canasta que nos daría la victoria en mis manos y la he fallado. Por todo eso es por lo que he triunfado”.

Todas estas lecciones se encierran en esta gran película que se opone frontalmente a nuestra cultura del éxito. Y que relativiza los conceptos de ganadores y perdedores, poniendo de relieve aquella sabia sentencia de Machado: “Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre”, grabada a fuego en aquella playa francesa.

Ignacio García de Leániz, profesor de recursos humanos en la Universidad de Alcalá de Henares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *